Mi Opinión

My Opinion

  • “La meritocracia en Colombia es un sistema que busca profesionalizar el servicio público, asegurando que las personas que ingresan a la administración pública lo hagan basándose en sus méritos y capacidades. Este sistema tiene como objetivo fundamental la transparencia y la calidad en la atención a los ciudadanos”. Así lo define “Copiloto de Microsoft”.

    Copiloto continúa diciendo: “En resumen, la meritocracia en Colombia busca garantizar que las personas más capacitadas y con los más altos estándares profesionales ingresen al servicio público, promoviendo así una administración transparente y de calidad.”

    La Inteligencia Artificial de Google la define así: “La meritocracia en Colombia se refiere al sistema de selección de personal para la administración pública basado en el mérito, las calidades personales y la capacidad profesional. Este sistema busca profesionalizar el servicio público y promover la transparencia y la calidad en la atención a los ciudadanos”.

    Google sintetiza su definición como “un sistema que busca garantizar que el servicio público esté en manos de personas competentes y capacitadas, a través de un proceso de selección basado en el mérito, la experiencia y las habilidades profesionales. Sin embargo, la implementación de este sistema enfrenta algunos desafíos que deben ser abordados para garantizar su efectividad”.

    En Colombia, la Ley 909 de 2004 establece que los procesos de selección del personal en la función pública deben basarse en el mérito, las calidades personales y la capacidad profesional. Además, se implementaron pruebas técnicas de competencias laborales, de conocimiento y habilidades gerenciales para los cargos de libre nombramiento y remoción en la Rama Ejecutiva del orden Nacional. ¿Servirá?

    Pero mi definición como observador que vivió y educó fuera del país por más de cuarenta y cinco años, esas definiciones teóricas no compaginan con la corrupción genética de varias generaciones. De pesadillas uno despierta sobresaltado, asustado y confundido; en mi caso, al abrir los ojos, mi pesadilla persiste al enfrentar oficinas gubernamentales como la ANT y el Banco Agrario, pero el infierno se convierte en la podredumbre del sistema judicial.

    Cuando las elecciones pasadas que ganó Petro, unos meses antes vaticiné su triunfo después de leer varios artículos de publicaciones de Colombia y el mundo, en inglés, francés e italiano (estos dos últimos no los hablo, pero puedo leer un poco), deduje que el país, necesitaba ese cambio de intervención del acaparamiento de las “sangres azules” repartiendo puestos como “prostitutas” del barrio chino. (Uso el nombre de este barrio de los años del siglo pasado que era como se llamaba donde el servicio era popular).

    Era lógico que los puestos públicos fueran dados a un marco marginado nuevo y que “educado” (toda regla tiene su excepción), pero que en realidad no saben ni leer, ni escribir. Esos títulos o diplomas que se ufanan tener, (nuevamente, no todos), no sirven ni para limpiar fundillos porque es muy duro. La proliferación es tanta que ni ensayos literarios ni encuestas pueden ser capaces de definir este nuevo fenómeno de corrupción.

    Antes, tenías que conocer al tío del perro de la esquina que colindaba con el tuerto de la tienda del padrino de la abuela del pastor de la iglesia. Traducido, la “coima”, “mordida”, “transa” o “engrase”, le pertenecía a un núcleo reducido de “sangre azules”. Ahora, está tan repartido, que hasta para ir al baño hay que dar “propina”.

    Afirmo estos comentarios, porque con los pocos que he tenido que tratar de diferentes medios, lo pude comprobar. Tienen títulos comprados, como el que compró un sobrino mongólico que tengo que compró el título de abogado a la Universidad del Norte de Barranquilla.

    Se me hace que este título de abogado es el más fácil de comprar y está diseminado en varios renglones del sistema, especialmente, el judicial.

    Ahora, comentando sobre mi interacción con las dependencias del gobierno como la Agencia Nacional de Tierras y el Banco Agrícola, coño, menos mal que me tomo mi propia poción natural para controlar la presión, porque estas “gentecitas” son más que un dolor de cabeza.

    Con la ANT, contestan los correos que son respuestas al radicado de la radicación de un radicado que me imagino que habrá salido del baño, porque insisto, ni leer saben. Una de las respuestas elaborada por la encargada de la oficina de compras, dice que no encuentra mi oferta de vender mi lote. Se tomó (haciendo un análisis sin comparables) como un minuto leyendo el encabezamiento de mi correo, y como 10 minutos para contestarme, pero no utilizó 10 segundas para bajar el documento PDF adjunto al correo que define toda la información del lote. Reitero, las maniobras de retardo son producto de la creación de sistemas para no cumplir la ley como está redactada, si no como la quieren interpretar sin fundamentos legales, educados o de lógica común, que no poseen.

    Con el Banco Agrario después de la publicación de mis denuncias, el halo de su santidad llegó hasta sus bocas cerrándolas con candado de doble llave impidiendo salida, marcando claramente su criminalidad.

    ¡El que calla otorga, dice la ley!

    El Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) refleja que Colombia tiene un alto nivel de corrupción en el sector político colombiano, según el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) de Transparencia Internacional, que se encuentra en un nivel moderado, con una puntuación de 39 sobre 100 en 2024. Esto significa que Colombia se ubica en el puesto 92 entre 180 países evaluados, lo que indica que la percepción de corrupción en el sector público es relativamente alta. 

    El Índice de Percepción de la Corrupción (IPC):

    El IPC mide la percepción de corrupción en el sector público, basado en opiniones de expertos y empresarios. 

    Se considera que una puntuación alta (cercana a 100) indica baja corrupción, mientras que una puntuación baja (cercana a 0) indica alta corrupción. 

    En 2024, Colombia obtuvo una puntuación de 39, lo que significa que la percepción de corrupción es relativamente alta, pero no la más alta del mundo. 

    Según Transparencia Internacional, Colombia se ubica en la posición 92 entre 180 países evaluados, lo que demuestra que la percepción de corrupción es relativamente alta.

    El estudio elaborado por el Banco de la República (La corrupción en Colombia: un análisis integral) indica que “pesar de los esfuerzos realizados, como la creación del estatuto anti-corrupción con la Ley 1474 de 2011, Colombia no ha mostrado avances significativos en materia de lucha contra la corrupción en los últimos años. Por ejemplo, de acuerdo con datos de Monitor Ciudadano, entre 2016 y 2020 se reportaron 967 hechos de corrupción a nivel nacional en la prensa, mientras que entre 2016 y 2018 esta cifra se ubicaba en 327 (Monitor Ciudadano, 2019).

    Lo peor de todo es que el gobierno de Petro no muestra los niveles de corrupción existentes en los sistemas gubernamentales y empresariales, que van de mano agarrada.

    Si tanto buscan una transformación del sistema político-empresarial, lo más indicado sería que legalizaran la corrupción introduciendo brókeres que tramiten los procedimientos por una comisión, ya que “sin “coima”, “mordida”, “transa” o “engrase”, no hay paraíso.

  • Pero ya estoy de regreso con mi propio blog

    Después de una década y más de quinientos mil lectores, un burócrata de la ANT asustado por mis artículos llamó o escribió a Fidel Cano Correa (quien es ¿editor? ¿director?), diciendo que “yo los amenazaba con artículos” en su contra “si no me compraban el lote”.

    Para mí, el título que se merece Fidel es el de usurpador de derechos, violador del derecho de expresión, o, simplemente, un as no conocido. (Lea as y no conjuntamente).

    Este es copia del correo que me envió Fidel:

    to me Buen día señor Bustillo,   Quería comentarle que recibimos hoy una queja desde la ANT por lo que, aseguran, ha sido un mal uso de su espacio de blog en El Espectador, debido a que usted tiene un negocio pendiente con ellos –del que habla en algunas entradas de su blog– y dicen haber recibido “una especie de amenaza” de que si no se resuelve como usted lo pretende puede utilizar el blog para escribir sobre ellos. No han mostrado prueba alguna de esa acusación, no le doy mayor credibilidad por eso mismo, pero solo por si acaso, no sobra solicitarle que mantenga sus asuntos personales alejados del espacio del blog; el mismo es una concesión que se le ha entregado para expresar sus opiniones libres sin ningún tipo de utilización del mismo para otros propósitos. Le mandé copia del mensaje vocal que le dejé a Javier Torres, dizque director de la ANT en Barranquilla (mentiroso, rata de tienda de esquina de barrio, o quizás de algún bar gay), porque las 4 o cinco veces que tuve comunicación con él, fue la impresión que me dio. Este fuel correo de voz que le dejé a Javier:

    “C:\Users\realt\OneDrive\Desktop\- ANT -\El Espectador\PTT-20250529-WA0000 2.ogg”

    Y este, es copia del correo que le mandé al Departamento Jurídico de la ANT y a Fidel:

    Después de varios días, Fidel y yo tuvimos varios intercambios donde él incluyó varios miembros de la ANT, documentos que guardo como evidencia para ser sometidos a la Fiscalía y Procuraduría.

    En ese intercambio Fidel me dice que “uso el blog” para beneficios económicos, que no hable de mí, (le contesté que qué lástima que no leyera mis escritos), porque aproximadamente el 95% – si no todos – yo soy parte de mis escritos, porque mi columna siempre tuvo el título de “Mi Opinión”. He hablado sobre los dos hermanos que terminaron siendo hijos de un cura, la matanza de uno de ellos por Jorge 40, le he tirado a los políticos, y varios criminales del país porque he sido indirectamente víctimas del conflicto colombiano.

    Hace varios días recibí un correo certificado de Deicy Lisette Gómez Gómez como respuesta a un correo que le había enviado acusando a Javier Torres de ser quien contactó a Fidel Cano, y su respuesta me enfoca a que pudiera ser ella quien lo llamó, o sabe quién fue, o posiblemente, Juan Felipe Harman Ortiz, Director de la Agencia Nacional de Tierra, ya que cuando les escribo, todos mis correos se dirigen a él; sí, ya noté que ni idea tiene de responsabilidad civil y criminal que recae sobre él, y del mal manejo que tiene esta dependencia, porque quien me responde siempre es Deicy.

    ¿Sabrán lo que dice el Manual de Compra Directa de Predios Código ACCTI-M-00, Versión 1 de mayo 14 del 2024?

    La importancia de mis comunicaciones fueron encaminadas hacia el manejo directo de la compra de tierras ante la ANT por una persona, yo, con la capacidad intelectual de escribir sobre el desarrollo de las negociaciones y transmitirlas a individuos que tendrían un interés similar al mío. El problema es que es una entidad del gobierno, y el manejo está bajo el Ministerio de Agricultura, que le pertenece a un grupo político, y a un presupuesto extremadamente elevado e injustificable:

    El daño está hecho, Fidel Cano canceló civil y criminalmente mis contribuciones al Blog, específicamente dirigida por una denuncia falsa puesta por funcionario(s) de la ANT, causándome daños morales, económicos, violaciones de mis derechos, y acose a adulto mayor.

    Sigo reiterando que mi prioridad es la continuación de la venta sin desistir de la denuncia contra la ANT, teniendo en cuenta la adición de Juan Felipe Harman, Deicy Gómez, y por supuesto el arrastrado de Javier Torres. Los dos primeros, porque el correo de Deicy indica que uno de los dos, ella o Juan Felipe, están involucrados; porque si no por actuación directa, por acallar y no tomar las medidas necesarias.

    Mi siguiente paso después de esta publicación, es denunciar ante la Fiscalía y Procuraduría a Fidel Cano.

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